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Argentina tocó el punto más bajo de su rendimiento

Argentina's coach Sergio Batista leaves after a training session in Buenos Aires, Argentina, Monday, July 4, 2011. Argentina is hosting the Copa America soccer tournament July 1-24.(AP Photo/Natacha Pisarenko)

Argentina's coach Sergio Batista leaves after a training session in Buenos Aires, Argentina, Monday, July 4, 2011. Argentina is hosting the Copa America soccer tournament July 1-24.(AP Photo/Natacha Pisarenko)  (2011 AP)

PUNTO BAJO

Decepción. Tristeza. Amargura. Desencanto. Frustración. Algunos de los adjetivos con que la prensa argentina catalogó este jueves el empate ante Colombia.

Luego de mucho tiempo existe coincidencia total respecto a la actuación del seleccionado local en la presente edición de la Copa América. No hay duda: Argentina tocó el punto más bajo de su rendimiento, generando un efecto de preocupación que se extiende como una constante a lo largo y ancho del país.

El gesto de Sergio Batista mientras abandonando el campo de juego del estadio de Colón de Santa Fe era el fiel reflejo de lo que acababa de suceder. En medio de los silbidos y la reprobación generalizada el técnico argentino caminaba raudamente hacia el sector de los vestuarios intentando buscar refugio, escapar aunque sea por unos instantes del inconformismo que reinaba en el ambiente.

Mientras tanto en el medio de la cancha el grupo de futbolistas identificados con la casaca blanquiceleste levantaba los brazos en busca de algún tibio reconocimiento que jamás llegó.

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“Se ganó un punto, no se perdieron dos”. Esa era la sensación que había dejado un partido donde Colombia mereció mejor suerte. Tuvo las mejores situaciones y si no fuera por la excelente actuación del portero local Sergio Romero la historia hubiese sido otra.

“Se ganó un punto, no se perdieron dos”. Respuesta clara y concisa del propio Batista, al que se lo vio golpeado y confundido en una conferencia de prensa donde no le quedó otra que reconocer el mal momento.

MESSI,  UN EXTRAÑO EN SU PROPIA CASA

No cae muy bien ver que Lionel Messi no cante el himno nacional. Tal vez muchos lo consideren una nimiedad. Otros no tanto. Pero cuando la mano viene torcida como consecuencia de una serie de acontecimientos que llevan a la discordancia, cada uno de esos elementos por separado pasa a tomar cierto protagonismo.

¿Qué pasa con Messi? ¿Por qué no juega como en el Barcelona? ¿No le tiene el mismo cariño a la Albiceleste? ¿No encuentra socios del estilo Iniesta o Xavi? ¿Los técnicos argentinos no lo saben ubicar o no lo rodean como es debido?

Ante Bolivia tuvo un aceptable primer tiempo y bajó su rendimiento en el segundo. Frente a Colombia intentó hacer su juego desde el arranque, pero la falta de interlocutores, la imprecisión en los pases y las pocas respuestas que recibía de quienes deberían ser sus socios naturales (llámense Tevez, Banega o Cambiasso) lo fueron frustrando de tal manera que se desdibujó hasta quedar inmerso en el panorama general.

Es evidente que no tiene ni a un Iniesta ni a un Xavi. Es evidente que no encuentra su ubicación en la cancha.

¿Quién es el culpable entonces de que Argentina cuente con el mejor jugador del mundo y no sepa sacar provecho de eso? Las responsabilidades son compartidas. Desde el cuerpo técnico que encabeza Batista hasta sus propios compañeros. Porque en el plantel argentino hay futbolistas de sobra capaces de asumir los roles que les corresponden de acuerdo a sus posiciones.

¿Si lo hacen en sus clubes europeos, por qué no en la selección? , es la pregunta que se repite y se multiplica en boca de los 40 millones de directores técnicos que habitan el suelo argentino.

Más allá de los fanatismos, más allá de las camisetas, como hinchas de fútbol duele ver a un Messi cabizbajo, rendido, con la mirada perdida buscando explicaciones que no llegan.

La más clara imagen de un Messi derrotado la dio ese tiro libre que ejecutó al borde del área grande promediando el segundo tiempo. Le pegó tan mal, tan alto, tan lejos del arco que defendía el colombiano Luís Martínez que en ese momento costaba creer que el que ejecutó ese “mamarracho” fuera él mismo.

“A Messi le cierran bien los espacios”, declaró Batista. ¿Y entonces qué? ¿Lo dejamos así, no se buscan soluciones? ¿O en Europa no se los cierran? ¿O el estratega argentino creyó que lo iban a dejar desplegar su fútbol a “piacere”?

Messi jugó su peor partido en la selección. Eso se desprende de todos los comentarios escuchados y leídos el día después. Y claro, es Messi, por ende se le exige el doble que al resto.

Sin embargo y a pesar del mal inicio de la Copa América, Messi es el único que busca jugar de forma asociada, jugar al fútbol y aportar toda su capacidad. Querer hacer la heroica individualmente no beneficia a nadie. Y hubo varios que se prendieron en ese carro “no victorioso”.

EN DEUDA UNA VEZ MÁS

Argentina sigue en deuda. No hay lugar a la discusión. Juega mal, no transmite nada y en un país tan futbolero como este la situación de transforma en una cuestión “dramática”.

El ambiente que se respira no es nada halagador y como ya es costumbre la memoria parece haberse esfumado. Si no, ¿cómo se justifica que gran parte del estadio haya pedido el regreso de Maradona? Los mismos que lo defenestraron tras el fracaso en el Mundial de Sudáfrica volvieron a gritar por él.

Son las actitudes extremistas típicas de estos casos. Si lo nuevo no funciona volvamos a lo anterior por más que no haya funcionado. Nada más alejado de la realidad…

Argentina no está eliminada. Queda el partido con Costa Rica, en los papeles una selección más que accesible. Sin embargo la sensación de vacío sigue latente y el temor a quedar eliminado ya deambula por la atmósfera.

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