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Bochornoso final: Anthony Weiner, crónica de una renuncia anunciada

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Ni el más acérrimo de los enemigos pudo haber imaginado un final tan bochornoso como ha ocurrido con la brillante carrera del congresista demócrata Anthony Weiner, quien descollaba inclusive como candidato a la alcaldía de Nueva York.

La renuncia de Weiner es el epílogo que encaja con "Crónica de una muerte anunciada" unas de las novelas más celebradas del escritor Gabriel García Márquez basada en una trama de amor.

En el caso del congresista, la trama es de sexo inconcluso y política. Inconcluso porque hasta donde se sabe, Weiner envió fotos sexualmente explícitas a varias mujeres y nunca tuvo contacto físico con ellas; político porque por su posición de hombre público, nunca debió intentarlo sin antes mediar las consecuencias. Hoy ha sido juzgado tanto por su partido como por los republicanos y la opinión pública.

En la novela, el protagonista muere desde el principio mismo de la obra en un remoto pueblo del universo macondiano. En el caso de Weiner, se trataba de uno de los políticos cuya figura dentro de su partido fue en ascenso, de tal forma que, parecía predestinado a formar parte del poder de este país y no para sucumbir con un final de tragedia griega.

Lo sorprendente es que mientras el escritor colombiano mezcla el mito y la realidad, que en su momento aclaró en una entrevista "No hay ni una sola línea en ninguno de mis libros que no tenga su origen en un hecho real"; hoy, con la muerte política de Weiner, hemos sido espectadores de una trama realista pero sin lo real maravilloso que "Gabo" emplea para estructurar sus novelas.

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No ha hecho falta crear nada, Weiner se encargó de darle suspenso a la historia que ha terminado con él. Los estadounidenses tuvieron tres semanas para echar a volar la imaginación sobre todo lo que pudo haber hecho o dejado de hacer el congresista con el dichoso BlackBerry.

El congresista republicano Chris Lee tuvo que renunciar abruptamente en febrero tras revelarse que había enviado mensajes insinuantes y una foto suya con el torso desnudo a una mujer en un sitio en internet. Lee entendió desde el primer instante la gravedad de lo que había hecho y no se expuso. Weiner hizo todo lo contrario, lo negó, luego lo reconoció y dijo que no renunciaría, extendiendo y llenando de vergüenza su agonía.

En "Crónica de una muerte anunciada", Santiago Nasar es asesinado por los hermanos Vicario para vengar el honor deshonrado de su hermana Angela, en el caso de Anthony Weiner, él se autodestruye dando el escenario perfecto para la crucifixión. Las primeras fotos del escándalo sexual de Weiner eran hasta cierto punto inofensivas, las posteriores fueron escandalosamente condenables. Su estupidez no pudo ser mayor porque fueron captadas en el interior del Congreso de Estados Unidos.

Si alguien al principio pretendió tomar partido por Anthony Weiner para abogar por su absolución con el viciado argumento "errar es humano", ante la evolución de las revelaciones del escándalo sexual, fueron quedando sin sustento para defender lo indefendible.

Anthony Weiner fue en efecto un hombre que captó mucha atención. Un político que en buena lid pudo haber practicado el principio de Nicolás Maquiavelo de "El fin justifica los medios" para el ejercicio público, pero ya en su interior convivía con un gran conflicto moral.

Su ego le llevó a mirar siempre a lo más alto, por eso también su caída es más estrepitosa, lo peor es que que en esa vertiginosa debacle fue dejando daños colaterales irreparables para su partido y en la figura de su líder el presidente Barack Obama, sumido ya en la batalla por la reelección.

Por naturaleza el mundo de la política es un mar lleno de turbulencias de intrigas y cortapisas. Pero en el caso que nos ocupa, Weiner se mató con sus propias manos, apostó a jugar el rol simultáneo de muerto y sepulturero.

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